Una de ellas es crear una bolsa en donde se transen bonos de carbono, una idea que está cobrando fuerza en el mundo desarrollado
y que tiene su propio exponente en nuestro país.
Ya no basta con que los vinos chilenos tengan buen aroma o que las manzanas nacionales sean dulces para posicionarse a nivel
mundial. Que su producción sea poco contaminantes también se ha posicionado como una exigencia en la nueva economía verde.
Cuña de Jorge Errázuriz, de Celfin Capital, en donde manifiesta que los diversos sectores se verán exigidos a producir con
menores emisiones contaminantes.
Para eso, los bonos de carbono serán claves. Son los certificados que constantan las reducciones de emisiones de Gases de
Efecto Invernadero y que se venderán en el mercado al mejor postor en la bolsa climática de Santiago.
La nueva entidad que reunirá a las empresas que necesitan disminuir sus emisiones con otras organizaciones e incluso personas
que podrán venderles sus bonos.
Así un pequeño agricultor que instale un sistema de paneles solares, bajando su nivel de contaminación, podría vender su bono
a una gran empresa minera que necesita reducir sus emisiones.
Cuña de Oscar Guillermo Garretón, presidente de Fundación Chile, en donde afirma que es una gran posibilidad para los emprendedores
que buscan invertir en Chile.
Pero no sólo el aspecto económico es relevante para Chile: el cambio climático lo afecta directamente. La Nasa ha registrado
fuertes cambios en los hielos antárticos que se concentran en el territorio chileno y que provocan cambios en las temperaturas
del mar y aumentos en las aguas en tres centímetros cada diez años.
Una razón cada vez más potente para potenciar el mercado del carbono en el país.
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