Se estima que por cada trabajador de la industria vitivinícola hay 3,5 máquinas funcionando, determinando un alto nivel de
consumo energético y de emisiones contaminantes, que complican su competitividad internacional.
Alertados por la situación, las empresas del sector han tomado una serie de medidas paliativas que les han permitido reducir
su consumo promedio de energía hasta en 20% en los últimos dos años. Las iniciativas van desde apagar las luces en los horarios
de colación hasta otras más disruptivas, como crear bodegas subterráneas que permitan la conducción de energía desde el subsuelo.
Javier Bitar, gerente general del grupo San Pedro Tarapacá, explica que en Viña San Pedro han cambiado 18 motores por otros
de alta eficiencia, instalado variadores de frecuencia en los sistemas de refrigeración, sustituido las luminarias de la sala
de máquinas y la bodega de vinos por focos de menor potencia y mayor luminosidad, entre otras medidas.
Viña Santa Rita, en tanto, comenzó a trabajar en estas temáticas hace cinco años y la meta para el mediano plazo es reemplazar
todas las bodegas de la empresa para seguir reduciendo el consumo energético, que ya cayó un 19,2%, comenta Jorge Heiremans,
gerente de producción de la empresa.
Con medidas del tipo disminución de impresos, un sistema de iluminación de bajo consumo y envasado diurno, en Viña De Martino
lograron una reducción de 20% en su uso de energía, cuenta Sebastián De Martino, brand manager de la compañía.
Botellas más livianas
Para mejorar su huella de carbono, una de las medidas que están tomando las viñas es utilizar empaques más livianos, para
lo cual están trabajando con los productores de botellas. Estos envases permiten un ahorro de energía y disminuir el consumo
de combustible en transporte.
A partir del análisis de sus emisiones de CO2, Viña Concha y Toro redujo el peso de algunas botellas entre un 7% y 14%. La
idea es hacerlo progresivamente en gran parte de las marcas, cuenta Laura Noguer, coordinadora de desarrollo sustentable de
la empresa.
Viña Ventisquero también adoptó esta iniciativa y actualmente el 90% de su producción utiliza botellas livianas, explica Fernando
Flores, ingeniero de planificación y desarrollo.
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