La opinión de que la eficiencia energética es un win-win para el medio ambiente y para el bolsillo es hoy dia ampliamente
aceptada y ciertamente se apoya en un sinnúmero de hechos y datos duros.
Ejemplos incluyen desde aquellos más domésticos y sencillos hasta los altamente sofisticados y tecnológicos. Entre los primeros
se encuentra el recambio de ampolletas, con una tasa de recuperación de la inversión dentro de pocos meses, y entre los proyectos
industriales más complejos se pueden mencionar la recuperación de vapor, el recambio de motores o el uso de variadores de
frecuencia.
En el sector industrial chileno se han implementado en los últimos años cuantiosas auditorias energéticas cofinanciadas por
COREO, una decena de Acuerdos de Producción Limpia que integran el tema de la eficiencia energética y numerosos casos de buenas
prácticas reflejados en el Premio de Eficiencia Energética de la CPC.
La pregunta obvia que surge desde estas primeras experiencias y para un aclamado win-win seria: ¿Por qué no dejamos que opere
entonces el libre mercado y que se encargue de que las empresas y los individuos, buscando maximizar sus beneficios y ganancias,
inviertan en la eficiencia energética en sus distintos ámbitos?
Claramente, aún tenemos en este momento una situación de mercado incipiente. No hay suficiente conocimiento y expertise técnica,
faltan casos de buena práctica, escasea la información de mercado y la disponibilidad de equipos y productos es limitada.
Cuando los gerentes de Operaciones todavía dudan de la factibilidad técnica y los gerentes de Finanzas cuestionan la rentabilidad
de los proyectos -en la mayoría de los casos, al menos en Chile, por falta de antecedentes y experiencias previas-, aparecen
los gerentes o encargados de Responsabilidad Social Empresarial, haciendo en este contexto la diferencia y llevando a que
las cosas ocurran".
Sus objetivos incluyen no solamente una rentabilidad y sustentabilidad económica de largo plazo, sino también una cultura
de compromiso con el medio ambiente local y global -en este último aspecto considerando especialmente las emisiones de CO2
que se reducen con la implementación de medidas de eficiencia energética-, y en varios casos también un interés por la innovación.
En algunas empresas chilenas, incluso, se han puesto en marcha programas de eficiencia energética que contemplan un fin social
para el destino del ahorro generado por los empleados, como la ayuda a niños enfermos de cáncer.
La triangulación virtuosa entre fines económicos, ambientales y sociales se vuelve en estos casos extraordinaria y desistir
de la propuesta de implementación de estos proyectos seria prácticamente absurdo.
Por cierto, no debemos olvidar que la industria tiene un rol muy importante que jugar en la promoción e implementación de
una mayor eficiencia energética en el país. Su importancia relativa en el consumo energético del país se eleva a aproximadamente
el 35%, y su relevancia en el consumo de electricidad alcanza el 65%. La responsabilidad que esto implica es evidente.
Recuadro :
"ENTRE LOS OBJETIVOS de estos ejecutivos están no sólo una rentabilidad y sustentabilidad económica de largo plazo, sino también
una cultura de compromiso con el medio ambiente local y global, y en varios casos también un interés por la innovación".
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