Un cobertor plástico, un controlador de la frecuencia del riego, convertir los lodos en combustibles son inversiones que no solo optimizan el uso de la energía, sino que generan ahorros que impactan directamente en el resultado económico de la empresa y dan un elemento de diferenciación en los mercados. Todo con inversiones que se pueden pagar en un semestre.

Regar más con menos agua y sin aumentar los costos, parece un desafío complejo para los agricultores, especialmente cuando el agua escasea. Sin embargo, en el país ya hay varios ejemplos de que, aplicando medidas de eficiencia energética, se consigue no solo eso, sino incluso generar importantes ahorros. Y no solo se consiguen con el agua. La eficiencia energética permite también disminuir pérdidas de calor, utilizar energía solar para iluminar y hacer funcionar los motores o aprovechar el vapor generado por las calderas para calentar las instalaciones. Por ello los expertos sostienen que al optimizarse el uso de la energía, se gana competitividad.

“La eficiencia energética es tremendamente relevante para el sector agroalimentario, porque es equivalente a hablar de competitividad y productividad, es uno de los caminos para mejorar en esos sentidos”, sostiene Juan Pablo Payero, jefe de Industrias y Minería de la Agencia Chilena de Eficiencia Energética (AChee).

A pesar de los beneficios, en el sector aún existe desconocimiento e incluso impresiones erróneas, lo que desmotiva la incorporación de este tipo de tecnologías y cambios de gestión.

“Se piensa que implementar la eficiencia energética es caro y que toma un largo tiempo en que entregue resultados. Sin embargo, hay procesos y cambios que se pagan en seis meses. Muchas veces en las empresas se concentran en mejorar la producción, pero no analizan la eficiencia energética como un recurso constante que te hace más competitivo. El tema pasa porque haya alguien dentro de la empresa que vea que una fórmula de disminuir los costos es a través de eficiencia energética, que generará ahorros de combustibles, de energía eléctrica y finalmente de recursos económicos”, enfatiza Annika Schüttler, jefa del proyecto Smart Energy Concepts de la Cámara Chilena Alemana, organismo que trabaja en conjunto con la AChee.

Además, no todo es instalar nuevas tecnologías, sino que también se pueden tomar medidas blandas, como mejorar la mantención de los equipos u optimizar la carga que lleva, planificar la producción para llevar los equipos a la optimización de su uso.

Qué se haga y cuánto se invierta depende del proceso, del cultivo y de la instalación que se tiene, pero la especialista sostiene que tan importante como la envergadura de la inversión es qué tan rápido se recupera. “En la optimización de riego, no son grandes inversiones. Una asesoría, puede salir 10 o 15 UF al mes y en una temporada se pueden ir disminuyendo hasta 40% de agua y de energía“, plantea.

Por ejemplo, la empresa Frutaqui, a través de un proyecto que costó $18 millones, instaló un sistema de variadores de frecuencia en un sistema de riego tecnificado que, de acuerdo a los datos de Hydroscada, implicaron un ahorro de 32% solo en energía y un ahorro económico de $9 millones. En Agrícola La Compañía la instalación de variadores de frecuencia para extracción de agua de pozo, que permite sacar el agua según la etapa de crecimiento de las plantas, costó $8 millones, que se amortizarían en un año y medio, y les permitió disminuir de 58 mil kilowats hora a solo 8 mil (aunque también renovaron las bombas), con un ahorro económico de 4 millones.

Precisamente el factor económico es lo que ha llevado a que en muchos países se haya utilizado como una forma de optimizar el recurso hídrico.

“En muchos lugares del mundo se ha visto que las facturas eléctricas son uno de los métodos más eficaces para que el sector publico pueda gestionar el uso del agua. Cuando sube la factura eléctrica se optimiza el riego, se riega menos y mejor”, comenta Daniel Chico Zamanillo, encargado de proyectos de la red internacional de huella de agua, Waterfootprint Netwoork, con sede en Holanda, entidad que se encarga de cómo hacer un uso sostenible del agua. Pero junto con las ventajas económicas, un fuerte impulso para avanzar en este ámbito viene de los requerimientos de los mercados internacionales en temas como la huella de carbono y del agua.

“La presión por hacer un uso más sustentable del agua y de la energía viene porque hay varios incentivos: el económico en el resultado de mi explotación (optimizo costos y obtengo mejores beneficios). Pero también porque a nivel global las cuestiones ambientales están teniendo mayor incidencia. Más allá de lo que produzco están quienes consumirán esos productos y ellos cada vez están siendo más exigentes con las condiciones ambientales de cultivo, pidiendo que sean lo más sostenible posibles”, comenta Daniel Chico Zamanillo.

Por lo mismo, incorporar medidas de eficiencia energética puede convertirse para la agroproducción chilena en un elemento diferenciador en los mercados internacionales. Según Payero, quienes lo están haciendo ya se están empezando a diferenciar.

Annika Schüttler va más allá: “¿Por qué no pensar en que Chile se promueva como agro eficiente?”.

Fuente: Economía y Negocios – El Mercurio